COORDINACIÓN DE FORMACIÓN LITERARIA

Sistema Nacional de Talleres Literarios

LOS FACILITADORES ESCRIBEN ASÍ

ESTADO ARAGUA


Camino
piso los charcos
de una calle sucia
ahogada de aceites.

El niño de la esquina
me extiende la mano
como siempre
no tengo nada que darle
pero hoy
mis zapatos
quedan en sus pies.
Ahora
mis uñas comienzan
a coser el frío
bordándose el asfalto a los talones.
Un olor a cebolla enmohecida
revuelca mi estómago

    vomito
los ‘perros calenteros’
ríen de mí

cierro los ojos
hablo  con mi sombra
y el pastel de fibra
se desvanece en mis manos

casi nunca entiendo
porque me asquea
tanto la vida.


Mi sombra
camina al ritmo de las pasarelas
modela el tiempo.
Se maquilla el rostro
y juega a no tatuarse.
Ella
acaricia el aire
lo entrena
lo purifica.

Mi sombra
es una amiga que odio
aún así
sigue mis pasos
se persigna y se hinca
ante los santos
alejándome de las heridas abiertas
    fuego
que entra
hoy
por debajo de mis uñas.


Debajo del elevado
hay frío
de ojos ciegos

niños
cargados de marihuanas
olvidando nuestra vida

es tan asquerosa.


Hoy no hay recuerdos
todos se han caídos de este rascacielos
mi mente en púrpura
vuela al espacio
camina entre planetas y agujeros negros

me inyecto un no se qué
que congela mis venas
y me hace reír
hasta sacar mis mas torrentes carcinomas

la hierba que hay es mala
la coca si me libera.


POEMARIO URBANO
ASTRID SALAZAR







CHIQUI

A Chiqui, in memoriam


    Decidieron  llamarla “Chiqui”. La pequeña, de piel oscura, que había sido adoptada, con muy corta edad, hizo que nuestras vidas cambiaran un poco. Ahora, esta nueva vecinita, con muy mal genio y siempre mal encarada, adoraba gritar para molestarnos, sus padres adoptivos y hermanastras se hacían los locos al ver esa situación. En reiteradas ocasiones imaginábamos hacerle maldades a la pequeña, pasábamos días enteros confabulando en su contra, pero las ideas morían justo en el momento en que tomábamos conciencia y volvíamos a la realidad donde no era bueno maltratar a otros; sin embargo, la Chiqui hacía que nuestros deseos  cruzaran la línea de la ficción. Constantemente, la vecinita nos gritaba cualquier cantidad de palabras ofensivas, y nosotros nos defendíamos lanzándole mangos o piedras, claro que ella siempre lograba ocultarse. La guerra ya había sido declarada entre ambas familias; a pesar de los reclamos, las acusaciones, los regaños y las excusas, la pequeña odiosa, valiéndose de estas rivalidades, logró que sus padres compraran cercas nuevas, de manera que cuando pasáramos por su casa, los mangos y las piedras no representaran una amenaza. 
En nuestra ausencia, la Chiqui saltaba la pared e ingresaba a nuestro hogar, el cual dejaba desastroso, pues entraba y rompía las cosas. Ante la situación tuvimos que colocar rejas en las ventanas, y nuestra casa tan acogedora se convertía en una pequeña cárcel de máxima seguridad con barrotes y altas paredes. Ya era hora de hacer valer alguna de las alternativas que soñábamos para acabar con Chiqui. Nuestras vidas estaban tan afectadas, al punto de volvernos un poco ermitaños.
Un día no escuchamos  más los gritos de nuestra odiada vecina. Fue el primer días, después de tantos, que la paz reinaba. -cómo extrañamos el silencio-. Pasaron los días y aún no  escuchábamos a Chiqui. Sonó el timbre, para nuestra sorpresa, eran los vecinos -tan queridos-, con cara de preocupación. –Chiqui ha desaparecido- nos dijeron.
El día antes de no escuchar más a la pequeña, ésta nos había agredido físicamente cuando pasábamos frente a su casa. Ella estaba sentada en la acera, se nos acercó y nos empezó a dar patadas y arañazos. Luego de ese incidente no supimos de ella. Sus padres desconsolados  y nostálgicos nos dieron una de las tantas pancartas que pegaron por todo el pueblo con su horrenda foto. Supongo que ellos nunca sabrán lo que le pasó a Chiqui.
Al final de la tarde, nuestra nueva alfombra de piel oscura le daba un nuevo estilo a la sala. Esos nuevos adornos con un material parecido al color marfil, refrescaban el ambiente. Dentro de la pecera, dos globos nos miraban fijamente. Un olor a carne ahumada provenía de la cocina, la mejor comida que preparábamos desde hacía mucho tiempo, la convidamos con nuestros vecinos, quienes agradecieron el banquete que nosotros llamamos “Chiqui”.


COMALA

A lo lejos se podía vislumbrar niños jugando, significaba entonces que se encontraba cerca del pueblo.  A medida que se sus pasos avanzaban, sentía un calor, mientras un frío lo invadía. Era un pueblo pequeño. Sus habitantes eran como una sola familia, por supuesto, todos se conocían. Él se presentó. Les dijo que iba de paso. Ninguno le respondió. Sensaciones extrañas lo impulsaban a entrar a una de esas casas que, a simple vista, parecían abandonadas, pues sus fachadas eran de un aspecto tétrico. Él siguió caminando, hasta entrar a una de ellas que, por dentro, eran tal cual como por fuera. Había telarañas y los muebles estaban cubiertos con mantas. Sintió un olor a encerrado, a soledad. Salió de allí. Era de tarde. En el horizonte, ya se podía divisar al sol ocultándose. Cuando veía a alguien trataba de hablarle, pero nunca le contestaban. Él se quedó pensando en lo que sucedía a su alrededor. Un escalofrío lo invadió a la vez que pensamientos aterradores lo estremecían. Decidió pasar  la noche allí. Caminó por todo el pueblo y de vez en cuando irrumpía a una de las casas, pero nadie se encontraba. De pronto, escuchó una música proveniente de la plaza. Se abrió pasó entre los habitantes hasta llegar al centro y gritó desesperado. A su alrededor, velas encendidas, mientras  la luz de la luna alumbraba el espacio. Todos los pueblerinos en círculo hacían un ritual. Él quedó atónito al ver lo que ocurría, pues se encontraba en todo el medio. En ese instante supo que un alma perdida en el tiempo y en el espacio debía volver a donde todas las almas en pena no pueden escapar, Comala era su lugar.



RITUALES DE ASCENSOR

    Hace unos días atrás, en una revista regional,  leí un artículo  titulado “Rituales de ascensor”, el ritual consistía en estar, como era obvio, dentro de un ascensor, sólo que éste debía estar parado, preferiblemente entre pisos, y en plena oscuridad, sin electricidad; se necesitaban dos velas color blanco, encendidas, cada una ubicada frente al espejo; entera disposición, sin miedo a lo que el espejo mostraría. Al cabo de unos diez minutos de estar dentro del ascensor, empezarían a revelarse imágenes inciertas del futuro, el corazón palpitaría  diez veces más de lo normal, hasta que por fin la claridad alumbrara todo el espacio. De pronto, una fuerte brisa, un vértigo, la adrenalina estallando, los pelos de punta, un fuerte golpe, un crash enorme, sangre por doquier, huesos destripados, partes de un vidrio atravesando la carne. El espejo nunca se equivoca. Al final de cuentas, todos gustan de leer los rituales, mientras que nadie lee aquellas pequeñas letras en las revistas que hablan sobre las consecuencias de los mismos.


TEXTOS DE GLORIA DOLANDE





I
Reunirnos
Saber de palabra
al sentirla
permitirle llegar
II
Descienden
palabras en la piel
reincidir
la noche por asalto
alcanza

IV
Necesito respirar
tanta palabra
aire
no es

V           (to Z & E)
I am always
back to you
en mis sonidos
heart beat
vuelvo.

Poemas de Macanoly V.Q.  (Instructor)

ESTADO CARABOBO


Despertar ante los espasmos

y reconocer tanta falta

estoy harta de mí

aún así no me abandona la idea
de que algo ha estado bien

ya sea por mis manos
o mi boca




Me contagio con tus enfermedades
escucho entre quejas
deseos de mejor vida
tus palabras que se clavan en la culpa
de los errores típicos de mis años

pido colar el café para que descanses
mientras busco en el agua caliente
alguna palabra de consuelo



Entre cremas y perfumes
creyendo que los olores mueren en frascos
me embalsamo en cada retoque

pero en la noche se pudre
el olor del día
y me veo desnuda frente al espejo del baño
que muestra los pelos y el rimel
irse por el albañal



Dejo que todo entre sin negarme

soy puertas abiertas
sin patios
ni soles
solo un pasillo oscuro
hasta el otro lado



No quiero dormir sin haber despertado
quedan los caminos
y todas las calles que aún no conozco
mi cuerpo también debe crecer

el ojo cuando se cierra se apaga
y hay tanta luz que no nace

se arruga el tiempo
y no hay crema que pueda alisarlo



Las mujeres también vamos al bar
a ver que canción nos recuerda al pasado
a conversar con nosotras mismas
también
deambulamos en la calle oscura
como el zigzag de la máquina de coser
a veces
se nos antoja el licor
para abandonarnos a una sola idea
frente a las botellas
las servilletas
y las miradas de los hombres
que no saben si acercarse
o seguir en sus rincones

LYERKA BONANNO
(de El Zigzag de la Máquina de Coser)


     


Estás muy lejos de las manos
que sostienen mi cabeza.
El hombre te busca y necesita para morir;
pero el diablo juega al volante con mi corazón.

Perdona mis ofensas aunque los clavos sean de verdad.
Da miedo que la vida sean estos días de lombriz
y se arruguen o estiren, hasta algún hueco de la tierra.



El pájaro come la semilla de un árbol grande del campo,
y lo lleva dentro de sí en el aire
como va el amor en un muchacho que silba.

La siembra es buena cuando se escoge la semilla;
tierra donde la raíz sean brazos al despertar.

Pero si el ave defeca esa grandeza en un jardín de pequeñas hierbas,
el amor babea, se le deforman los pies
y es tan inocente de ese error, como el hijo de un incesto.



Con los inviernos las casas orinaban el amor
que los gatos se tenían en los techos.

Ahora cuando llueve y esta tierra se ablanda
escarbo un maullido.

Adentro.



a Carmen Eugenia, mi madre


Comprendí tus palabras en las nubes.
La vida está llena de sombras que se disuelven
o caen de hincharse.

Haz de tus culpas el invierno, que viene desde la altura de las ramas
y en cada brinco de pájaro aumenta, se lava en el aire
hasta hacerse puro.

Pero he caído de otras vidas y me han gastado la sangre,
si lo hago de nuevo, no alcanzaré el oficio
de la lluvia sobre los árboles.

Deja pasar lo bueno y lo malo para amansar el cuerpo;
así como el patio de vez en cuando,
aclara y oscurece.



Heredas del padre los pañuelos,
sin saber que doblados es su egoísmo en tus ojos.
Así la vida va a oscuras, golpeando gente por la ceguera.

Tu madre, que ya vivió lo mismo con él,
te habla cada noche en la cama;
intentando zafar esa venda de cordones umbilicales.





El brazo del tatuaje del ancla te cuelga de la camilla.
No pudiste ir a la armada, oler el mar desde la proa
o algún puerto europeo.
A cambio viste un mundo debajo de las piedras
y en unas hojas que fumabas.

Ahora un sobrino te ve pasar arropado de blanco
del cuello a los talones, como un marinero.
Y el brillo y lo azul del piso, parecen el mar
donde por fin navegas.


VÍCTOR MANUEL PINTO
( estos textos pertenecen a un libro inédito)






a cuántos niños se ha tragado
la culebra del río
que viene de las montañas
se mete al mar
y regresa con los aguaceros
a cuántas casas
ha dejado vacía
arrastrando hombres
fascinados por su color



al final del muelle
queda la humedad
del regreso
en las huellas
y el mar inclinándose
para completar
los tramos rotos
del sueño


navego solo
dentro 
de mi cuerpo
disipo las nieblas
que no me
dejan ver
el corazón
ese horizonte que
siempre se aleja
por cercano


el exilio es una isla
permanente
en mi corazón
tapada a medias
por el aliento
de las compañías
y un oleaje
de preguntas
desbordándose
hacia adentro
ARNALDO JIMÉNEZ
Poemario Salitre

ESTADO TÁCHIRA


Ebrio de Poesía
construyo castillos de espejos
con ventanas de flores
alfombras voladoras
muchos pájaros,
para que nos canten
en cada procesión
de esas horas fecundas
donde la noche es nuestra.
Amor
así son las madrugadas de lluvia gris
acompañadas  sólo de tu recuerdos,
del último día
el último beso
en esas madrugadas solitarias
te espero


Deseo penetrar
Mis palabras en tus pechos
Y dejar fuego
En tu boca.



 Poemas de MOISÉS CÁRDENAS